El fallecimiento del MNS Enrique Bruno Bobbio pone fin a la existencia de una generación de marinos y docentes de raza.
Por Fernando Morales Presidente de la Liga Naval Argentina
Publicado: 28-09-2026
Aquel 1° de febrero de 1978 sorprendió a la República Argentina con la noticia de la llegada de una carta del general Augusto Pinochet a su par argentino Jorge Rafael Videla en medio de una tensión creciente en el extremo sur de Chile y Argentina.
Además, ocho muertos por una trágica inundación en la provincia de Buenos Aires, la sanción de la "Ley de Carnes", la suspensión de la ayuda militar de USA a Nicaragua y la presentación de 15 de tanques de guerra "Sherman" remodelados por el Ejército Argentino, eran las noticias que completaban la tapa de uno de los principales diarios del país.
Tanques de guerra... complejos sistemas de armas que no deberían tener nada que ver con este homenaje pero lo tienen. Y mucho.
Ese mismo día y sin que el hecho fuera una noticia de interés nacional, para centeneres de jóvenes argentinos entre los que se incluía por primera vez a un puñado de mujeres tendría lugar uno de los hitos más importantes de sus vidas. Tan revolucionario y profundo que implicó un cambio radical de comportamiento, costumbres, cultura, vocabulario y vestimenta.
Dejaban de ser mujeres y hombres post adolescentes con todo lo bueno y malo que ello implica para pasar a ser Cadetes, más precisamente CADETES DE NÁUTICA.

Si la educación es una tarea difícil, la formación lo es muchísimo más. No se trata de enseñar ciencias avanzadas a quienes ya tienen conocimientos de menor nivel. Se trata de enseñar a caminar a quien no sabe hacerlo con el agregado de que todos los discípulos deben aprender a hacerlo exactamente de la misma manera.
Enrique Bobbio. Formador de marinos, templador de almas

No hay forma posible, de aquella generación de marinos rotulada como "Promoción 83" de la que formé parte, ni muchas anteriores y posteriores no mencionen si no una varias veces al "Loco", en una charla barquera o de camaradería, años después de haber egresado de la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano.
Temido, respetado, consultado, imitado, admirado y definitivamente querido entrañablemente cuando dejó de ser el "Señor Bobbio" para ser simplemente "Quique". Despedir desde el papel a un ser tan especial se torna complicado sin deber realizar una y otra vez una pausa para aflojar el nudo que nace en la garganta o limpiar los ojos invadidos por una lágrima que insiste en volver segundos después.
El MNS (Maquinista Naval Superior) Enrique Bruno Bobbio fue un Marino de ley y un docente de raza. Aquellos que lo conocimos en su doble función de Ayudante y luego Jefe De Cuerpo de Cadetes y al mismo tiempo profesor de la asignatura "Calderas Marinas", supimos reconocer su facilidad para mutar entre su -por aquel entonces fruto de la época- rigidez casi prusiana en la disciplina formal y su entrega absoluta en el aula para lidiar con alumnos que como en mi caso no conocían más vapor que el que emanaba de una pava con agua hirviendo.
En tiempos no tan lejanos medidos con el reloj de la historia universal que sin embargo parecen siglos a la luz de los constantes cambios de paradigma propios de la modernidad, los docentes de su generación no eran fruto del cursado de complejas carreras de docencia, profesorados o maestrías en pedagogía. No asistían a seminarios, jornadas o simposios de perfeccionamiento docente ni conocieron la CONEAU o la COTIGRA.

Bobbio era simplemente (o tanto) un MAESTRO. Palabra que escrita íntegramente en mayúsculas viene a significar el grado máximo del escalafón educativo.
Características constructivas de un conducto de humos las enseña cualquiera con los conocimientos necesarios. Los valores en cambio no se enseñan se inculcan y se transmiten desde el alma del MAESTRO directamente a la del discípulo.
Habiendo intervenido en su carácter de Jefe de Cuerpo de Cadetes en la formación de profesionales de todas las especialidades, muchos de "sus cadetes" llegaron incluso en la propia ESNN a posiciones jerárquicas a las que el no accedió, aunque no recuerdo a ninguno que lo hubiera superado en valores y capacidad.
Es frecuente que al recordar a un ser querido luego de su partida mitiguemos el dolor con alguna anécdota o historia que nos genere el recuerdo de un momento grato. He aquí una de ellas.
Transitando los últimos tramos de mi vida profesional y por una razón de practicidad suelo presentarme en sociedad como "Perito Naval" en 1978 siendo un cadete bisoño también era "Perito" pero mercantil lo que equivale a afirmar que mis conocimientos en física, química, termodinámica y otras por el estilo no eran nulos solo por escasos segundos.
Seguramente es por ello que la P.E.N.N N° 6 (Publicación Escuela Nacional de Náutica Número 6) "Calderas Marinas Parte I" se convirtiera en la protagonista de mis desvelos en más de una ocasión, siendo este hecho superado en intensidad por la publicación "Calderas Marinas Parte II".
La buena predisposición de mis compañeros de curso no era suficiente por lo cual recurrí directamente al profesor para confesarle que "entre las calderas y yo había una barrera infranqueable". Bobbio me miró fijo de un modo que aún recuerdo y me dijo lo siguiente:
"¿Cadete, su hermana trabaja en el ejército verdad?" ante mi respuesta afirmativa vino la que irónicamente llamaré "propuesta indecente". "Mire no se si usted sabe que mi pasión son los tanques en especial los tanque sherman. Si me consiguiera la posibilidad de ir conocerlos y subirme a uno le puedo asegurar que aprueba la materia.
Lo que sigue es un hiper resumido relato del frenesí con los que durante los días siguientes y con filial asistencia peregriné en mis ratos libres por los pasillos del Edificio Libertador en procura de un cometido que parecía sencillamente imposible.
Finalmente el amigo, del camarada, del compañero de promoción indicado me condujo hasta la puerta del despacho del jefe del proyecto TAM (Tanque Argentino Mediano) quien no solo invitó a Bobbio sino además a todo el curso a la fábrica de tanques que el Ejército poseía en la localidad de Boulogne.
Bobbio cumplió su sueño. No solo se subió a un Sherman fuera de servicio sino que manejó un TAM recién salido de la línea de producción. Había cumplido su sueño. Solo restaba que cumpliera su promesa.
Y vaya que la cumplió, aunque no de la forma en que lo había imaginado. Durante varias jornadas, en los recreos, después de hora o en cualquier momento libre me apersonaba en su oficina para recibir pinceladas de Foster Wheeler, Babcock Wlcox y humo "habano claro".
Mi pequeña gran gestión militar, fue devuelta con horas de dedicación, paciencia y profesionalismo.
No me regaló nada pero me lo dio todo.
Décadas después siguió siendo nuestro docente, atrincherado detrás del teclado y aggiornado a estos tiempos vertiginosos siempre atento a informar sobre un hecho relativo a la profesión, al país o la vida misma y siempre atento a marcar alguna observación cuando le gustaba mucho o... no le gustaba nada y siempre con su firma inconfundible "Quiquito".
Bruno Bobbio partió hacia mares más calmos. No sonaron clarines en su honor, no hubo autoridades navales pronunciando solemnes discursos de ocasión a pesar de que dedicó la mayor parte de su vida profesional a servir desde el claustro a la Armada Argentina quien en definitiva es la administradora del Sistema Educativo Náutico. Es muy probable incluso que nadie se hubiera enterado de su partida.
Tampoco importan los honores terrenales, se lleva en esta su última navegación el cariño de sus otrora discípulos, los que hoy devenidos en veteranos colegas paramos máquinas, nos ponemos en posición de firmes como él nos enseñó y lo saludamos con un ¡HASTA SIEMPRE Y GRACIAS POR TODO SEÑOR!


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