Si bien el proyecto de desregulación de la Marina Mercante todavía no llegó al Congreso, voces ligadas al ámbito naviero argentino ya empezaron a cuestionar los principales puntos y advirtieron por el empleo, la salida de divisas y el futuro de la flota nacional.
Publicado: 31-07-2026
Por AmparoBeraza, El Cronista
El proyecto de Federico Sturzenegger para abrir el cabotaje marítimo y fluvial a buques de bandera extranjera profundizó el rechazo dentro del sector naviero, que comenzó a endurecer sus cuestionamientos por el posible impacto sobre los armadores nacionales, el empleo marítimo y la salida de divisas.
Fuentes vinculadas con empresas navieras difundieron en los últimos días un documento crítico de la reforma. El documento empresario presenta sus argumentos como advertencias de “especialistas en transporte marítimo y geopolítica”. Sin embargo, se trata de un material impulsado desde actores del sector naviero y expresa, por lo tanto, una posición interesada dentro de la discusión regulatoria.
La principal objeción es que la apertura no establecería condiciones equivalentes para los buques argentinos y extranjeros.
Dichas voces críticas sostuvieron que los operadores de otras banderas podrían ingresar al mercado con menores costos tributarios, laborales y regulatorios, mientras que los armadores nacionales continuarían sometidos al régimen argentino.
La apertura que impulsa el Gobierno
El último borrador conocido del proyecto habilita a buques extranjeros a transportar cargas y pasajeros entre puertos argentinos, siempre que informen su ingreso y el período durante el cual operarán ante la Agencia Nacional de Puertos y Navegación.
Durante los primeros 90 días, las embarcaciones extranjeras no estarán obligadas a incorporar trabajadores argentinos. A partir de ese plazo comenzará un régimen gradual de integración de tripulaciones con ciudadanos argentinos, extranjeros con residencia permanente o nacionales de los Estados parte del Mercosur.
La exigencia será del 20% entre los días 91 y 180, subirá al 40% entre los 181 y 360 días y llegará al 75% una vez superado el año de permanencia en el país. Desde el día 91 también comenzará la obligación de registrar al personal y realizar aportes al sistema previsional argentino.
En diálogo con El Cronista, Fernando Morales, presidente de la Liga Naval Argentina, planteó que el nuevo régimen podría acelerar la desaparición de la flota nacional y dejar el transporte entre puertos argentinos en manos de operadores extranjeros.
Para Morales, ese esquema no garantiza que la reforma genere empleo local, porque la obligación podrá cumplirse con trabajadores de otros países del Mercosur.
“Nos transformaríamos en dadores de trabajo a los vecinos, a pesar de que no podemos sostener el trabajo de los propios”, afirmó el titular de la Liga Naval en diálogo con este medio.
Morales sostuvo que el problema no es únicamente la llegada de barcos extranjeros, sino las diferentes condiciones bajo las cuales competirían.
“El proyecto establece la apertura del cabotaje, tradicionalmente reservado en la Argentina y en buena parte del mundo al pabellón nacional, para cambiarlo por un sistema mixto, donde puede coexistir el pabellón nacional con el pabellón extranjero”, señaló.
Según el presidente de la Liga Naval, los barcos extranjeros quedarían eximidos de obligaciones que seguirían alcanzando a los armadores argentinos. Esa diferencia, sostuvo, podría volver inviable la continuidad de las empresas locales.
“En la práctica, esa pequeña aparente concesión dejaría de existir cuando, por cuestiones de competitividad, los armadores argentinos desaparezcan y quedemos en manos de empresas extranjeras”, advirtió.
El borrador conserva para los buques argentinos la obligación de que el 75% del personal de maestranza y marinería esté integrado por ciudadanos argentinos o extranjeros con residencia permanente.
Sin embargo, simplifica el régimen de excepciones. Estas podrán tramitarse mediante declaración jurada y se considerarán aprobadas automáticamente si la autoridad no responde dentro de los diez días hábiles.

La salida de divisas
Otra de las advertencias del sector está relacionada con el pago de los fletes.
Morales aseguró que, si el transporte interno queda en manos de compañías radicadas en el exterior, parte de los ingresos generados por la actividad deberá girarse fuera del país.
“No es lo mismo hacer un flete interno con bandera argentina que hacerlo con una bandera extranjera, con lo cual habría que girar las divisas para que el armador radicado en el exterior cobre el flete”, explicó.
El caso paraguayo
La navegación fluvial ocupa un lugar central dentro de las críticas.
Morales coincidió con el diagnóstico del Gobierno de que la flota argentina perdió capacidad operativa, pero rechazó que ese retroceso pueda explicarse únicamente por las ineficiencias empresariales y el costo laboral.
Según su análisis, Paraguay logró desarrollar su flota mediante un régimen tributario más favorable, cargas patronales menores y requisitos técnicos y laborales más flexibles.
El titular de la Liga Naval describió ese esquema como un sistema de “10 más 10 más 10”: 10% de Ganancias, 10% de IVA y 10% de cargas patronales.

La advertencia por China
Las empresas navieras incorporaron además un argumento geopolítico a sus críticas.
El documento difundido por fuentes del sector sostiene que la apertura podría facilitar una mayor presencia de empresas estatales chinas en el Atlántico Sur y generar tensiones con los Estados Unidos.
Como antecedente, menciona a Cosco Shipping y su participación en el puerto de Chancay, en Perú, al que presenta como una pieza de la expansión logística de China en América Latina.
Por su parte, desde la Liga Naval plantearon una preocupación similar. A su entender, la naviera estatal china podría ser una de las pocas empresas internacionales dispuestas a operar en el mercado argentino por razones estratégicas, aun cuando la rentabilidad del negocio fuera limitada.
La cuestión adquiere relevancia porque, como informó El Cronista, el Gobierno modificó algunos puntos del borrador para evitar que los barcos chinos pudieran adaptarse fácilmente al nuevo régimen y para no generar fricciones con los Estados Unidos.
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