LA MAL NOMBRADA...

Cuantas veces nos encontramos a lo largo de nuestra existencia, con personas que cargan toda su vida con un nombre que no los satisface, que no los identifica o que simplemente no es el adecuado para su persona.

Surgen así los apodos, los diminutivos, el recurso de utilizar el segundo nombre o simplemente el recurso extremo de recurrir un nombre ficticio o pseudónimo.

Lamentablemente, para las personas es sumamente engorroso proceder a un cambio de nombre ya que ello implica prácticamente rehacer su historia documental.

A las Instituciones, empresas u organismos del estado les puede pasar lo mismo; siendo que en teoría debería ser mucho menos traumático llegado el caso, proceder a un cambio de denominación, si el originalmente elegido no resulta correcto.

Un país define sus grandes áreas de acción bajo el genérico de “Ministerio o Secretaría de Estado”; estos nombres suelen ser escuetos en sus vocablos pero claramente taxativos en su definición.

¿Qué dudas pueden albergarse ante términos tan concretos como: Defensa, Salud, Justicia, Seguridad, Desarrollo Social, etc.?

Qué se nos puede ocurrir al escuchar hablar de “la Secretaría de Transportes” sino otra cosa que la referencia al área del Estado que entiende en todo lo atinente a las distintas ramas de la actividad de trasladar mercaderías o personas.

Como es lógico suponer, la complejidad del área nos llevará necesariamente a descubrir, la existencia de sub áreas dedicas al transporte automotor, ferroviario, aéreo y obviamente a los puertos…

Seguramente al lector se le produjo aquí un bache semántico, hubiera apostado fuerte a favor que la palabra luego de aéreo… sería Marítimo o fluvial o ambas. Ello no implica transformar al lector en adivino; sino a seguir un criterio lógico.

Pero no siempre los estamentos administrativos de un estado siguen la lógica humana. Por alguna extraña razón en nuestro país, el área de gobierno que se ocupa del transporte marítimo y que es la AUTORIDAD DE APLICACIÓN en materia de reglamentación marítima se llama SUBSECRETARIA DE PUERTOS Y VÍAS NAVEGABLES.

Al igual que aquellas hipotéticas personas a las que nos referimos al principio de este artículo, el nombre no contiene, define ni abarca la compleja misión que tiene precisamente el órgano oficial encargado del manejar el particular mundo de la marina mercante, la industria naval, las vías navegables y los puertos.

De sólo enumerar sus cometidos, descubrimos que no sólo no le cuadra el nombre, sino que le queda chico el rango.

Puede aquí el lector razonar, que en medio de una crisis profunda en la actividad marítima, con empresas navieras comprometidas financieramente, con una crisis terminal en nuestro transporte de ultramar, una industria naval que pugna por recobrar su vigor, graves problemas que envuelven al personal embarcado al que el propio estado muchas veces le complica la vida con regulaciones y controles innecesarios, vías navegables con problemas de dragado y puertos no siempre eficientes. Invertir tiempo en este tipo de planteos puede ser casi digno de una mente poco brillante (más bien tirando a opaca).

Pero no obstante esta primaria y natural conclusión, ha de resultar en esta etapa de tanta esperanza en el sector; originada a partir de la designación en el cargo de un profesional proveniente del riñón mismo de la actividad, que sus competencias queden claramente definidas tanto en el fondo como en las formas (y si algo formal hay es el nombre del cargo).

La escasa y agonizante actividad marítima y fluvial de la Argentina, tiene por primera vez en muchísimos años la oportunidad de ser capitaneada por un hombre que conoce a cada uno de los tripulantes de la nave, los que a su vez conocen acabadamente a su capitán.

Una de las primeras señales que marcan el nuevo rumbo es la convocatoria al CONSEJO CONSULTIVO, mecanismo interactivo que –emulando la terminología marina– bien sería asimilable al consejo de oficiales en alta mar.

La convicción de contar con una ley de MARINA MERCANTE, que incluya parámetros claros de acción para enmarcar la actividad naviera, de la industria nava y actividades conexas, es otro pilar fuerte con que deberá sustentarse una gestión que pretenda ser exitosa.

Abocarse de lleno asumiendo el rol de AUTORIDAD DE APLICACIÓN a la problemática de la formación y titulación del personal embarcado, tratando de minimizar la cantidad de organismos que intervienen en la formación del personal de la marina mercante, es una necesidad que si bien no redundará en variaciones de indicadores económicos, hará más sencilla la vida y ejercicio profesional de la gente de mar. Hoy quien se aventura a los mares, debe rendir de una u otra forma cuenta de sus actos a los ministerios de Seguridad, Defensa, Interior, Relaciones exteriores y trabajo. El análisis preliminar de esta compleja maraña de interacciones permitirá a las autoridades llegar rápidamente a la conclusión que una Secretaría de Transportes con funciones suficientes podrá absorber buena parte del control y seguimiento profesional de la gente de mar. Debería comenzar a hablarse seriamente de la creación de un INSTITUTO DE TECNOLOGÍA MARÍTIMA, que sea capaz de dirigir la formación, capacitación y todo otro aspecto que haga a la faz profesional marina.

Menuda tarea la que le queda por delante a las autoridades del área si deciden como dice un viejo refrán “tomar el toro por las astas” desde estas páginas nos permitimos cerrar esta reflexión con otro viejo dicho popular “las cosas por su nombre; al pan pan y a la subsecretaría de Puertos…???